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El amor sí es ciego, dicen neurólogos de EU

Cuando una persona se enamora, experimenta distorsiones en las redes neuronales que trabajan cuando el ojo capta imágenes.

  • 08/02/2012
  • 12:29 hrs.

La sabiduría popular es muy certera cuando dice que el amor es ciego. Científicos de las universidades de Syracuse y Virginia, en Estados Unidos, así como la Universidad de Ginebra, Suiza, encontraron que cuando una persona se enamora experimenta fallas o distorsiones en las redes de neuronas que trabajan cuando el ojo capta imágenes y las envía al cerebro. 

El estudio científico más reciente y más revisado sobre la actividad cerebral relacionada con el amor se llama La neuroimagen del amor. Fue elaborado conjuntamente por las tres universidades referidas. En el estudio los investigadores utilizaron sofisticados equipos de imagenología que les permitieron ver la actividad del cerebro entre un grupo de voluntarios.

Los hallazgos validaron la frase de que “el amor es ciego”, pues vieron y registraron que el sentimiento amoroso provoca algunas fallas o distorsiones en áreas del cerebro relacionadas con la percepción, pero no de los sentidos sino la percepción cerebral.

En primer lugar, se altera el circuito de neuronas que se activa cuando se usan metáforas del lenguaje, es decir imágenes construidas a partir de palabras, y en segundo lugar, se altera el circuito neuronal que participa en la transmisión de imágenes desde el ojo al cerebro.

Esto puede dar muchas pistas sobre por qué, muchas veces, una persona enamorada percibe a su pareja mucho más atractiva, interesante e inteligente que como la ven todos los demás o dicho coloquialmente, por eso dicen que el amor es ciego.

“Desde luego, estos hallazgos hacen que muchos se vuelvan a preguntar si el amor existe en el cerebro o en el corazón y lo que nosotros decimos es que en un enamoramiento completo trabajan juntos el corazón y el cerebro porque hay procesos y señales de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, y viceversa”, detalló la psicóloga y médico neuróloga Stephanie Ortigue quien dirigió el estudio La neuroimagen del amor.

“Un ejemplo claro es que, cuando se activan algunas partes del cerebro relacionadas con el sentimiento amoroso se producen también señales que estimulan movimientos en el corazón y el estómago, esto es la causa de lo que algunos llaman las mariposas en el estómago”, añadió.

La chispa amorosa

El amor se puede reconocer, pero no es fácil saber en qué momento empieza. Dos misterios intrigan a los científicos que actualmente estudian el amor a nivel cerebral: cuál es el mecanismo físico que detona el sentimiento amoroso y por qué el sentimiento amoroso se presenta de manera selectiva.

Uno de los grandes avances ocurridos en el año 2000 fue que se identificó la zona del cerebro y la red de neuronas que se activa con el sentimiento amoroso, las cuales se ubica en el circuito mesolímbico-cortical o "centro del placer".

A pesar de este avance, investigadores mexicanos como la doctora Herminia Pasantes, del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, han señalado que todavía falta conocer qué hace que una persona entre millones pueda activar ese conjunto de neuronas en otra persona.

“Falta saber qué es lo que manda o emite ese sujeto hacia el otro individuo o qué se envían mutuamente", indicó la investigadora en un texto de 2004, año en que se le dedicó a la mexicana una edición especial de la revista Neurochemical Research.

Una línea de búsqueda es la posibilidad de que exista un detonador físico que active la red neuronal vinculada con el enamoramiento. Ese detonador físico del amor podría ser algo parecido a un puente eléctrico que tuviera una parte en la llamada corteza cerebral y otra por debajo de dicha corteza.

"Tiene que ser algo físico, y con esto no me refiero al cuerpo ni al sexo, sino a algo químico, eléctrico o de tipo ondulatorio", señaló la especialista. "Se habla de la posible participación de las feromonas, pero éstas requieren cierto contacto físico y la literatura y la experiencia nos dicen que no se necesita tocar a la persona ni estar muy cerca de ella para que se genere un enamoramiento".

Los estudios cerebrales sobre el amor se publican ya en revistas prestigiadas a nivel internacional, como Neuroreport, donde se exponen los métodos para vigilar la actividad cerebral. Muchos de estos estudios han dejado muy claro que, al menos en el cerebro, no es lo mismo amor que sexo.

Existen diferencias entre las redes neuronales que se activan durante el enamoramiento y las que ponen en marcha el deseo sexual, pues las primeras son más cercanas al área de la corteza, donde se generan las actividades creativas y de imaginación, mientras que las redes del deseo están en zonas cerebrales que influyen en la circulación, producción hormonal y otros procesos que también experimentan algunos animales.

Un tercer concepto que falta aún estudiar con precisión es la atracción sexual, que es una especie de interfase en la que el cuerpo todavía no inicia procesos que lo preparen para tener un encuentro sexual y tampoco está enamorado, pero comienza a tener actividad neuronal relacionada con la imaginación cuando está cerca de una persona que le atrae.

"La atracción sexual no es el amor romántico ni el puro sexo, como lo tiene, por ejemplo, un ratón que se aparea con cualquier hembra que esté en la condición hormonal receptiva", ha aclarado la investigadora de la UNAM. 

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