Soy bisexual y me enamoré de los dos integrantes de un matrimonio

Me convertí en el unicornio de una pareja sensacional

Soy bisexual, de las liberadas, de las que hasta hace poco creía que podía controlar a voluntad mi vida sexual. Quise irme a las ligas mayores y experimentar en la vanguardia, y me convertí en el unicornio de una pareja sensacional, sí soy esa mujer difícil de encontrar (de ahí el mote de unicornio) que por su orientación sexual puede tener sexo con hombres y mujeres disfrutándolo por igual. Las reglas desde el principio estaban claras y las acepté: nada de sentimientos, es solo sexo; ellos son la pareja, yo la tercera invitada; nada de contacto con alguno de los dos fuera de cama; todos usamos anticonceptivos y otros etcéteras. Pero no conté con que frecuentar a las personas hace que empieces a tener un "nexo" con ellas, en este juego no solo llegas, te metes a la cama y coges, a veces te tomas una copa con ellos y charlas, a veces el juego previo empieza en un bar y acaba en un motel, al final intimas de alguna manera, eso es peligroso, me enamoré. Lo peor es que de ambos. Ella como mujer y el como hombre son mi delicia, pero mi realidad, que duele, me dice que ella no es mi mujer ni él mi hombre. Así el sexo por muy satisfactorio no es placentero, ¿me explico? Ya no estoy feliz, pero no los quiero dejar.

Soy bisexual y me enamoré de los dos integrantes de un matrimonio

-Bisexual liberada

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PSH: Querida bisexual liberada, 

Si de algo no podemos tener el control es de las emociones y menos de aquellas que se desatan en procesos de la naturaleza humana tan primitivos como el sexo. Es un mito que el sexo sin amor no entrañe cierto grado de conexión, ya que para aceptar el encuentro erótico se pasa por ciertos filtros, no es un mero acto instintivo, o de otra manera tendríamos sexo con quien fuera, y eso no pasa, elegimos.

Por otra parte, este tipo de relaciones eróticas tienen un componente especial que hace que las personas desarrollen un nivel de intimidad que puede devenir en que aparezcan sentimientos de afecto entre todos, y eso se llama complicidad.

La complicidad es un elemento muy importante y complejo en las relaciones humanas, pues como dice la sexóloga Valerie Tasso "un cómplice es, ante todo, un camarada particular, alguien que participa solidariamente en el devenir de otro; es quien recibe, entrega y comparte la posesión del "secreto". Y en este trío, ser el unicornio te hace la clave de la relación, la guardiana del secreto fuera del matrimonio, una importancia que te ha llevado a desarrollar este afecto que se adereza del placer erótico del sexo y de la cordialidad en el trato entre todos. No eres feliz, porque esto no satisface tus necesidades sexuales ni emocionales, saber qué necesitas es diferente a saber qué quieres.

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Mi esposa aceptó que yo tuviera una experiencia única de sexo anal pero yo ya no lo quiero dejar

Hace 20 años no me imaginaba que estaría en esta situación. Me casé a los 21 con una extraordinaria mujer y tenemos tres hijas ya mayores de edad pero siempre tuve un secreto sexual que no me atrevía a confesarle a mi esposa hasta hace unos meses. Siempre tuve la inquietud de experimentar una penetración anal. Cuando se lo conté, me sorprendió que su reacción fuera intentarlo con un arnés, y así lo hicimos; pero no era lo que yo en verdad buscaba, yo quería sentir la embestida de un hombre con un miembro viril verdadero. Mi mujer accedió a que tuviera esa experiencia y quedamos que sería la única, pero las cosas se me fueron de control. Me gustó, me gusta la sensación y me excita al grado de que cuando todo acaba busco con más lujuria a mi mujer, y ella ahora está más apasionada que cuando nos casamos. El caso es que no quiero dejar ese sexo anal, que práctico de manera clandestina, y que curiosamente no me hace sentir homosexual porque no experimento ningún sentimiento de amor o atracción hacia los hombres, me siguen fascinando las mujeres y creo que hasta amo más a la mía, pero sé que mi esposa ya no consentirá que sea permanente.

-Clandestino

PSH: Querido Clandestino,

Los sexólogos reconocen esto como una flexibilidad sexual que no precisamente es de un perfil homosexual. Se conoce como heteroflexibilidad y se es más fácil de encontrar entre personas jóvenes que exploran dentro de la sexualidad. Sin embargo, muchos adultos se han dado la libertad de experimentar o saciar ciertas inquietudes sexuales, como el sexo anal entre hombres. En estos casos se trata más de satisfacer una preferencia sexual, es decir una práctica sexual que se prefiere sobre otras por el placer que representa, que de vivir una necesidad homosexual, donde el factor erótico es la relación con un hombre, por ser hombre.

Sin embargo, no todas las personas están en contra de esta flexibilidad, pero eso no hace que la acepten de manera incondicional.

Para muchas parejas ceder ante una curiosidad ya es muestra de apertura en la relación de pareja, pero aceptar compartir frecuentemente a la pareja puede ser tomado como trasgresión a los límites. Ya en los años 50 Alfred Kiney había creado una escala, que evaluando el historial sexual de la persona puede establecer siete diferentes grados de comportamiento sexual donde cero es totalmente heterosexual y seis exclusivamente homosexual.

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El machismo disfrazado de modernidad

Nos consideramos una pareja moderna en todos los sentidos, más en el sexual. Somos swinger desde novios y llevamos ya ocho años de casados, pero la rutina alcanza a todos y empiezo a aburrirme. Nuestra forma swinger no es extrema, pero es cotidiana, yo puedo coquetear, besarme y acariciarme con quien elija, y mi marido autorice, pero él no. El ve y disfruta, goza de saber que tiene a una mujer deseable, a una mujer hermosa que despierta pasiones en otros pero que solo es poseída por él. Y ese es el juego, vamos a lugares donde él se mantiene a distancia mientras yo "tiro el anzuelo" y espero a que él me diga cuál es "el bueno" para empezar a seducirlo abiertamente. Los antros son ideales para el toqueteo, para el manoseo y los besos descarados, ahí empieza lo bueno, porque todo lo que hago, no lo hago para complacer a mi "víctima" del momento, sino a mi marido que me contempla "ser de otro" mientras lo miro fijamente, eso no falla, lo excita a morir. Ya excitados, siempre hay apuro para llegar a casa, odiamos los hoteles porque nos dan la impresión de insalubres, solo es llegar a casa para tener sexo sin más preámbulos, donde sea. Pero esta rutina empieza a cansarme, al final, pese a tanta modernidad en nuestra vida sexual, empiezo a sentirme un tanto usada, ser solo el objeto de placer de mi marido que al final decide "mi libertad" de elegir.

-Swinger que se siente usada

PSH: Querida Swinger que se siente usada,

No por muy moderna que parezca una relación es más avanzada ni mejor. El control tiene muchas maneras aparecer sin ser fácilmente identificable y ha sido, durante cientos y miles de años el motor y combustible del machismo. Como muy claramente señala el Consejo General de Psicología de España, la dominación y el control de la pareja son dos de las manifestaciones más habituales de la violencia contra la mujer, y la vía de inicio de maltrato psicológico y físico.

Si bien como pareja comparten una excitación por el juego de la sumisión y dominación, que en otras palabras es una práctica sadomasoquista y puede ser un elemento de atracción muy poderoso, cuando el displacer aparece es una señal de que las cosas no van por buen rumbo.

La sumisión sadomasoquista tiene límites y para marcarlos se encuentra la "palabra clave" que para en el acto, el juego erótico; en este caso sentirte "usada" no está siendo igual que sentirte sumisa, y este control tiene mucho de machista cuando es él quien controla todo, desde la elección del rival hasta el momento de parar. Es una práctica machista y no sadomasoquista, pues se queda con la mujer deseada por los demás, cuando primero la ofrece para excitarlos pero se las quita a voluntad y la "posee" como un triunfador, cuando ellos no forman parte del acuerdo erótico. Una de las cosas que más valida a un macho es tener a la mujer que todos desean, es la postura del macho Alfa, no solo tiene a su disposición muchas mujeres, el posee a "la más deseada".

(Coordinadoras Cecilia Rosillo y Susana Carrasco) 

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