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El mejor liberador sexual permitido: el chiste

El chiste sexual es una forma de hablar de sexo, de manera explícita pero encubierta, un tanto liberadora

CECILIA ROSILLOJun 27, 2021 
Tiempo de lectura: 5 mins.

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No pocas veces uno se pregunta ¿De qué se ríen? O más aún ¿Cómo es que no se ríe? cuando escuchamos un chiste sexual.  Y es que éste no es poca cosa, el chiste con referencias sexuales tiene una función social muy importante, y es que ayuda a descargar el inconsciente de su represión para poder hablar de temas tabués sin culpas y además con un valor agregado: lograr generar risa y provocar buen humor.

De tal forma, los chistes con referencias al sexo y el doble sentido a nivel del inconsciente generan la posibilidad de hacer una descarga ya sea agresiva o afectiva, es decir, quien lo escucha descarga su represión a través de la descarga de quien lo cuenta, por ello es tan atrayente y recurrido en el lenguaje adulto.

Si tenemos claro que la sexualidad ha sido uno de los temas más controlados socialmente, con el cual se ha generado mucha represión y limitaciones sobre su conocimiento, podemos ver que del sexo no se habla o se habla poco, pues hablarlo explícitamente es considerado de mal gusto; y es por eso que lo invaluable del chiste es que es una forma socialmente permitida, para tocar el tema desde cualquier ángulo, se vuelve la mejor agresión solapada y permitida no en vano existe en todas las sociedades y culturas. El chiste sexual es una forma de hablar de sexo, de manera explicita pero encubierta, un tanto liberadora.

Y es que, seamos honestos, si en una reunión o en una fiesta o más aun, en un evento social como las bodas o bautizos la gente se pusiera hablar seriamente de enfermedades de transmisión sexual, de felaciones o de problemas vaginales la verdad es que no sería bien visto, lo más probable es que en la mayoría de los casos para algunas personas además sería de mal gusto, resultaría ofensivo; sin embargo, si habla de esto en estas situaciones a través del chiste, porque esos son bien recibidos porque hablan directamente de estos temas pero en forma de código.

El chiste, descubrió Freud, burla la represión y llega hasta el inconsciente descargando nuestras limitaciones de expresión sobre temas sexuales.


Y además, la cosa no para ahí, también descubrió que  con este tipo de lenguaje nos reímos más porque hay una relación directa con lo que vivimos. Por ejemplo, quizá los chistes de suegras nunca los consideramos tan buenos como cuando nos cae mal la suegra que tenemos. Es una manera de descargar nuestra agresión hacia ella pero de forma permitida.

Además, la risa es un producto socialmente bien valorada y cuando es el resultado de un buen chiste, lo valida como bueno. De tal forma, el chiste sexual da apertura a temas tabú a través del uso de códigos, lo que lo hace ser, de cierta manera simbólico ya que usa un lenguaje no explícito pero con contenidos directos, como señala el psicoanalista Rodrigo Castañeda, “a través del chiste sexual decimos cosas que de manera directa no nos atreveríamos, así mientras más encubierto y descargante sea más risa nos causa, más bueno es”.

Otra cosa que hace atrayente y aceptable al chiste sexual, según Castañeda, es que rompe con una línea de pensamiento lógico, es poco racional lo que hace que tengamos una especie de regresión a la infancia, a esa etapa cuando el ser humano puede reírse de lo ilógico sin ser juzgado o criticado porque no tiene filtros que lo controlen, “por ello es un gran  chance social para descargar inquietudes del tema”.

Por otro lado, el chiste es un producto cultural y es justo por eso que la misma cultura permea las posibilidades de plantear el chiste, se usa a la cultura que cada uno vive para expresar una represión interna.

Pero la clave de todo es que para que un chiste sexual sea bueno debe tener algo básico: no ser totalmente claro. Si lo es, pierde su esencia, así los símbolos que usa deben estar  inmersos en un contexto cultural que ayude a la mente a liberarse, en un chiste se condensan con palabras los elementos simbólicos a los que aluden; son como los sueños y los apodos: al desmenuzar el código nos reímos de lo que significa, de lo que simboliza, si hiciera una alusión directa resultaría grotesco, una obscenidad.

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