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Conoce las 7 edades de la alimentación
Alimentos y Tendencias

Conoce las 7 edades de la alimentación

Tenerlas en cuenta podría mejorar tu salud

  • Adrian Aguirre
  • 10/09/2019
  • 19:26 hrs.

La presidenta de nutrición del Instituto Rowett de la Universidad de Aberdeen, Alex Johnstone, indica que existen 7 edades de la alimentación, ya que conforme pasa la vida, nuestro apetito va cambiando. Un adulto no consume la misma cantidad de comida que un bebé y un adolescente no se alimenta igual que un pequeño de cinco años, que no lo hace de la misma manera que un adulto de la tercera edad.

"Nuestro apetito no es invariable, sino que experimenta cambios durante toda la vida, a medida que envejecemos. Sin embargo, puesto que las decisiones que tomemos en relación con los alimentos serán un factor determinante para la salud y el bienestar a lo largo de nuestra vida, es importante que adoptemos los hábitos correctos", explica Johnstone.

Está científicamente comprobado que la abundancia de señales de comida, ya sean olores, sonidos o anuncios publicitarios, nos hacen querer comer de más y eso también influye.

De acuerdo con Science Direct, "La evaluación de alimentos es importante para la regulación de la ingesta de alimentos por parte del cerebro y su interacción con el estado de hambre. Los niños son especialmente susceptibles a las señales alimentarias. Comprender los mecanismos detrás de esta regulación en individuos sanos a lo largo de la vida puede ayudar a dilucidar los mecanismos subyacentes al consumo excesivo y ayudar al desarrollo de futuras estrategias de prevención de la obesidad".

Aquí te presentamos las siete "edades" de la alimentación establecidas por  Johnstone, con sus respectivos años en la edad humana, para que las tengas en cuenta a la hora de dosificar tu ingesta de comida:

1) "Primer Decenio": Se da de los 0 a los 10 años. Uno de los errores que cometen los papás es "obligar" al niño a que deje su plato vacío a la hora de comer. ¿Por qué lo decimos? porque esto puede causar que el pequeño pierda la capacidad de hacer caso a sus propias señales de apetito y hambre, por lo que en un futuro podría derivar en que esa persona tenga sobrepeso.

Hay que tomar en cuenta que en este periodo el cuerpo está en rápido crecimiento y que esta es una etapa importante de la vida ya que los hábitos adquiridos aquí pueden repercutir en el resto de la vida.

Lo recomendable es poner en práctica una estrategia que favorezca la degustación y el aprendizaje para que los chicos puedan ejercer un tipo de control en lo que respecta al tamaño de las porciones que ingieren.

2) "Segundo Decenio": De los 10 a los 20 años. Si se decía que el primer decenio podría influir en el resto de la vida, este punto ya es una realidad. Supongamos que cuidamos la alimentación en la primera década y comemos sanamente... eventualmente va a llegar un punto en el que el propio cuerpo va a exigir más y más. Esto se debe al aumento del apetito y de la estatura relacionada con hormonas que indica la llegada de esta etapa.

Aquí es importante darle al niño/adolescente una orientación y tener en cuenta que las mujeres jóvenes presentan una mayor probabilidad de padecer deficiencias nutricionales debido a su biología reproductiva y que las adolescentes que quedan embarazadas en una edad temprana corren un riesgo mayor, ya que su organismo está soportando su crecimiento junto con el del feto que crece dentro de ellas.

Pero la salud en esta edad no depende solamente del niño o niña, sino que los padres todavía son fundamentales en esta etapa... y los datos son negativos.

Especialistas de la Universidad de Nottingham, Reino Unido, detectaron que los progenitores no reconocen los "kilitos de más" de sus descendientes y que 55% de los padres subestimaron el sobrepeso de sus infantes, siendo los papás de los más pequeños los que tienen menos probabilidades de percibirlos con obesidad.

Puedes leer: Gente con obesidad es más propensa a perder la memoria 

3) Tercer Decenio: De los 20 a los 30 años. Los adultos jóvenes presentan cambios en su vida que pueden causar un aumento de peso, como asistir a la universidad, casarse o vivir en pareja y tener hijos. El problema aquí radica en que la grasa acumulada es difícil de eliminar y nuestro cuerpo no nos ayuda porque al momento de que siente que nos falta más comida de lo que necesitamos, manda fuertes señales de apetito que se traducen en un consumo excesivo.

Johnstone indica que existen alimentos que nos hacen sentir más llenos que otros y por el contrario, comidas que no le mandan al cuerpo esa señal de que ya estamos "llenos".

"Los distintos alimentos envían señales diferentes al cerebro. Por ejemplo, no cuesta nada comerse una tarrina de helado, porque la grasa no envía al cerebro señales para que paremos de comer. En cambio, los alimentos ricos en proteínas, agua y fibra tienen la capacidad de hacernos sentir más llenos durante más tiempo", menciona la autora del artículo publicado en The Conversation.

4) Cuarto Decenio: De los 30 a los 40 años. La mala alimentación que pueda llegar a tenerse puede verse aumentada debido al factor "estrés".

Acerca de este tema, el también integrante del Instituto Rowett, Scott C., explica que hay un aumento rápido bien documentado de la obesidad que afecta a la cultura occidental que está relacionado con un aumento en las condiciones de salud crónicas asociadas. 

Este autor explica que hay muchos factores que influyen en el comportamiento de alimentación y el control del apetito, pero que sin embargo las personas no siempre comienzan a comer debido a síntomas fisiológicos internos (los aprendidos), sino que lo hacen porque las señales psicológicas y externas (las que están en el ambiente) les pueden promover a comer en exceso, al menos a corto plazo.

"Los alimentos y bocadillos altamente sabrosos pueden contribuir al consumo excesivo de calorías, particularmente a través de la promoción de mecanismos hedónicos o de recompensa. Se ha demostrado que el estrés o las "molestias diarias" aumentan el comportamiento de los refrigerios, particularmente en los alimentos con alto contenido de grasa y azúcar", detalla Scott.

Pero no todo está perdido:

La nutricionista Natalia Galán recomienda diez cosas básicas para empezar a comer sano en la oficina:

a) Aprovechar el fin de semana: el fin de semana es el periodo en el que más tiempo libre tienen las personas, por lo que se puede aprovechar este periodo para cocinar la comida del resto de la semana y así evitar el tener que llegar a cocinar después del horario laboral.

b) El Plato de Harvard: La Harvard T.H. Chan School of Health menciona que el "plato de Harvard" consiste en la mitad del plato con vegetales o frutas, un cuarto de plato con granos integrales y otro cuarto con proteínas. Este también incluye agua natural y café o té sin azúcar, limitando el consumo de leche o jugos.

c) Elección de alimentos que aporten energía: los arándanos (además repercuten positivamente en la memoria y la concentración), el salmón o el aguacate son buenas opciones.

d) Alimentos verdes: Los chicles no cuentan. Existen una gran variedad de alimentos verdes que pueden ser consumidos como guarnición o como ingrediente y debes incluirlos tanto en la comida como en la cena.

Hay que limitar el consumo de pan y carbohidratos porque causan pesadez.

e) Ensaladas: Para transportar las ensaladas a la oficina lo mejor es llevarlas en tuppers bien cerrados y preparar los ingredientes en capas

f) Darle variedad a las comidas: No todo puede ser ensalada. También se puede optar por verduras asadas con pescado o legumbres guisadas con verduras.

g) Una hora fija para comer: Lo ideal es tardar mínimo 20 minutos comiendo porque se tiene que masticar bien cada bocado. Lo ideal es comer siempre a la misma hora.

h) No comer en el escritorio: Salirte de la oficina ayudará a desconectarse por unos instantes, rendir más y a concentrarse en la comida

i) Elegir postres saludables: Se recomienda un yogurt desnatado, café o tés sin azucar

j) Buena hidratación: Se recomienda tomar al menos un litro de agua, además de reducir por completo los refrescos y jugos envasados.

 

 

5) Quinto Decenio: De los 40 a los 50 años. Si se han tenido hábitos como el tabaquismo, es difícil que las personas quieran dejarlo porque su cuerpo ya está acostumbrado a esas sustancias, pero es en esta etapa cuando el adulto tiene que cambiar su comportamiento en función a lo que les diga su salud. Dicen que lo difícil es empezar, pero si se da el primer paso para quitarse los vicios, la calidad de vida puede mejorar.

6) Sexto Decenio: De los 50 a los 60 años. En este periodo disminuye la masa muscular, por lo que mantener una dieta saludable y variada y practicar actividad física es importante para reducir los efectos del envejecimiento.

También te puede interesar: Claves para cuidar la salud intestinal en adultos mayores

7) Séptimo Decenio: De los 60 a los 70 en adelante. Suele disminuir el apetito y el hambre, por lo que en esta etapa es importante mantener una dieta adecuada.

Una nueva investigación realizada por el Instituto Karolinska descubrió la razón por la que muchas personas suben de peso a medida que envejecen.

De acuerdo con este proyecto, llevado a cabo en colaboración con elementos de la Universidad de Uppsala, Suecia, y la Universidad de Lyon, en Francia, el recambio de lípidos en el tejido adiposo disminuye durante el envejecimiento y esto facilita este padecimiento, incluso si no se come más o se hace menos ejercicio que antes.

El escrito fue publicado en "Nature Medicine" y en este se puede leer lo siguiente: 

"La tasa de eliminación de lípidos disminuye durante el envejecimiento, al no ajustarse recíprocamente la tasa de absorción de lípidos, lo que resulta en un aumento de peso. La pérdida de peso sustancial no se debe a cambios en la eliminación de lípidos, sino a la tasa de absorción de lípidos en el tejido adiposo. Además, las personas con una baja tasa de eliminación de lípidos basales tienen más probabilidades de permanecer estables después de la pérdida de peso. Por lo tanto, la adaptación del recambio lipídico podría ser importante para mantener una pérdida de peso pronunciada".

 

Con información de The Conversation, Science Direct, Sumédico.com, Nature Medicine

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