publicidad

Sarampión: ¿riesgos de un virus ya eliminado en México?
Derecho a la salud

Sarampión: ¿riesgos de un virus ya eliminado en México?

"Nos tomará aún varios meses tener la vacuna, mientras incrementa el riesgo de que haya brotes de la enfermedad que se encontraba ya eliminada en México"

  • Dr. Alejandro Macías
  • 17/09/2019
  • 13:36 hrs.

El sarampión no es una de esas enfermedades de aparición en la Biblia; entró al mundo apenas a inicios del segundo milenio de nuestra era, cuando un virus de la peste bovina se adaptó para infectar a los humanos; vaya que lo hizo bien, pocas enfermedades han infectado desde entonces a tanta gente.

Es peligroso y, en pocas palabras, la enfermedad más contagiosa que existe; dejado a su epidemiología natural contagiará a prácticamente a toda la gente y dejará una estela de secuelas de enfermedad y muerte. No existe un tratamiento específico para el sarampión, solo se pueden ofrecer cuidados como mantener la hidratación y reducir la fiebre.

En el mejor de los casos, cuando el sarampión se presenta dejará al paciente postrado por dos a tres semanas; en niños previamente débiles, puede dejar un estado de desnutrición e inmunidad deficiente que lo pone en peligro de contraer otras enfermedades, como la tuberculosos. Aunque existe una vacuna segura y económica, según datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2017 la enfermedad causó 110 mil defunciones en todo el mundo, la mayoría entre niños menores de cinco años.

La vacuna es de eficacia extraordinaria y su uso generalizado a finales del siglo pasado permitió que el mundo eliminara el sarampión de extensas regiones, como Norteamérica; normalmente se aplica al año de edad pues los anticuerpos de la madre mantienen al niño con inmunidad relativa hasta esa edad.

Entre 2000 y 2017, la vacunación contra el sarampión disminuyó la cifra de defunciones en un 80% en todo el mundo. Por desgracia, el auge de la comunicación global, el internet, los grupos antivacunas y el fuego amigo de investigadores que falsamente asociaron la vacuna con el autismo, dañaron las tasas globales de vacunación y permitieron que el sarampión renaciera en muchas regiones, incluyendo países desarrollados sin problemas financieros para la compra de la vacuna.

En México, como en casi toda América Latina, por fortuna, la población sigue aceptado ampliamente las vacunas. Sin embargo, a las campañas de desprestigio ya mencionadas se agregó que, al ser la del sarampión ya una vieja vacuna, producirla ha dejado de ser un gran negocio y en la actualidad hay pocos productores internacionales a los que acudir; fácilmente te puedes quedar sin ella si por algún motivo no te formaste o te saliste de la fila, como parece estar ocurriendo en México, luego de que se inhabilitó por incumplimiento a uno de los proveedores.

Varios países se encuentran ahora sin la vacuna, a pesar de que se tenga el dinero para comprarla; en el mejor de los casos, nos tomará aún varios meses tenerla, mientras se incrementan los riesgos de que se presenten brotes de la enfermedad que se encontraba ya eliminada en México.

La situación en México no parece de extremo peligro pues aún tenemos una alta proporción de la población protegida dado que la vacunación ha sido tradicionalmente eficiente en el país; hasta hoy, no se ha informado de una transmisión sostenida en el país, sino casos aislados asociados con importación.

Sin embargo, aproximadamente 200 mil niños cada mes cumplen su primer año de vida y son ellos los que se encontrarán en mayor riesgo pues para entonces la protección de los anticuerpos de sus madres habrá desaparecido por completo. Esperamos la vacuna a más tardar en 4 meses, pero eso nos dejará para entonces un campo fértil para el sarampión en al menos 1 millón de niños.

Esta situación nos debe hacer pensar por qué México no ha logrado la soberanía en la producción de sus vacunas; de hecho, después de las alianzas para producir la vacuna de influenza en México, Birmex (la compañía estatal de biológicos) se ha convertido en una mera comercializadora.

Debemos corregir el rumbo, necesitamos mayor producción nacional de vacunas con apoyo a nuestros productores e investigadores. De lo contrario, estaremos a merced de las condiciones del mercado internacional y del ataque de enfermedades. Hoy es el sarampión, mañana puede ser cualquier nueva enfermedad u otra de las que suponíamos eliminadas.

Alejandro Macías es académico de la Universidad de Guanajuato, investigador Nacional Nivel 3 de Conacyt y miembro de la Academia Nacional de Medicina en México





publicidad

publicidad

publicidad