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El cofundador del Banco Nacional de Cerebros
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El cofundador del Banco Nacional de Cerebros

Con los cerebros, el doctor José Luna Muñoz busca promover vida después de la muerte

  • ALICIA ORTIZ
  • 20/10/2020
  • 15:02 hrs.

¿Qué sucede en el cerebro de personas que cometen suicidio? ¿Qué daños provocan los golpes en la cabeza fuertes, repetitivos, en quienes practican deportes de contacto como el futbol americano o el box? ¿Cuáles son las características del cerebro de personas con autismo? ¿Cuáles son los procesos moleculares que causan las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer? ¿Se pueden hacer diagnósticos tempranos de estas patologías para ayudar mejor a los pacientes?

Estas son algunas de las preguntas que han orientado las investigaciones del equipo que encabeza el doctor José Luna Muñoz, a las que ha agregado qué daños provoca la covid-19 a nivel cerebral en pacientes que fueron contagiados durante la pandemia, proyecto que se plantea desarrollar tan pronto se acuerden los protocolos de donación de órganos, para el caso de estos pacientes.

El investigador que impulsa la detección temprana de demencias

Fundador en la década de los 90, al lado del doctor Raúl Mena López, del Banco Nacional de Cerebros, hoy BioBanco Nacional de Demencias, el doctor José Luna Muñoz ha sido pionero en el impulso a la donación de cerebros, fundamentalmente de personas con Alzheimer, lo que ha permitido realizar investigaciones con base en las que se ha ampliado y profundizado el conocimiento de diversos procesos que explican los daños anatómicos y funcionales en los cerebros de pacientes afectados, principalmente por demencias. El doctor es miembro del Consejo Mexicano de Neurociencias.

En los primeros 20 años, el Banco solo pudo contar con 17 donaciones de cerebros y ahora tienen 350 órganos de este tipo y están recibiendo otros órganos que también contribuyen a la investigación de las demencias.

Foto: El doctor Raúl Mena (1953-2014), pionero de las neurociencias en México, visionario de la investigación sobre Alzheimer y cofundador del primer banco de cerebros en América Latina, quien solía llamar al Alzheimer como "el arcoíris de las demencias", fue el mentor del doctor Luna Muñoz (a la izquierda).

Actualmente se reconoce al BioBanco Nacional de Demencias, institución única en su tipo en México, como un primer depósito de fluidos, cerebro y otros órganos, con un potencial único para impulsar avances en la investigación y descubrimientos que beneficiarán a la población mexicana y de América Latina, hoy inmersa en un proceso de envejecimiento acelerado, en virtud del cual se estima que hacia el año 2050 en nuestro país ascenderá a 3.5 millones la población afectada por demencias. Actualmente es de 860 mil adultos mayores, de los cuales entre el 50 y el 75% presenta Alzheimer, según información proporcionada por el propio doctor Luna.

Distintos tipos de Alzheimer

Actualmente, explica el doctor Luna, se identifican dos tipos de esta enfermedad, el "genético", que representa el 5% de las personas afectadas y se manifiesta antes de los 60 años de edad, por lo regular entre los 40 y 45 años, y el "esporádico", que implica al 95% del total de afectados, de los cuales el 10% lo presentan después de los 65 años y un porcentaje mayor en la década de los 80. De este último tipo aún no se tiene claro qué es lo que lo provoca.

Foto: Estudiar a fondo los procesos neurodegenerativos es el objetivo del hoy BioBanco Nacional de Demencias, institución fundada en 1992 por los doctores Raúl Mena y el doctor José Luna Muñoz

Todos tenemos riesgos

Afirma el investigador: "potencialmente todos tenemos la probabilidad de desarrollar Alzheimer, y cada cinco años, después de los 65 años, se incrementa el riesgo de poder presentar la enfermedad". De ahí la importancia de identificar los factores de riesgo pues, agrega, "estamos viendo estilos de vida que pueden estar generando alteraciones en el metabolismo y favorecer la muerte neuronal asociada a diversos procesos neurodegenerativos, como el alcoholismo, la drogadicción, obesidad, diabetes y traumatismos craneoencefálicos", entre otros.

A esta conclusión se llegó por un curioso incidente: un cambio inusual en la pasta de dientes que regularmente usa, provocó al doctor Luna una descamación en los labios. Movido por la curiosidad de investigador de los procesos neurodegenerativos asociados a las demencias, puso unas pequeñas muestras de su propia piel al microscopio, debidamente preparadas para su análisis. Encontró proteína tau fosforilada en todas las células de su piel. ¡Se llevó tremendo susto!

"Fue un impacto muy fuerte el que tuve en ese momento. La verdad sí me espantó", relata.

En ese entonces, 2012, se pensaba que ese tipo de proteína solamente se encontraba en los cerebros afectados por el Alzheimer, enfermedad caracterizada por pérdida de memoria y deterioro de las funciones cognoscitivas: lenguaje, juicio y conducta, lo que venía estudiando desde 1992, año en que participó, al lado del Doctor Raúl Mena, en la fundación del Banco de Cerebros.

Aquel hallazgo marcó el inicio de una línea de investigación que permitió a su equipo de investigadores diferenciar entre células con proteínas tau en el núcleo, las cuáles, concluyeron, tenemos prácticamente todo mundo, y células en las que dicha proteína ya se encuentra a nivel periférico, en el citoplasma, que es cuando ya se ha declarado el proceso neurodegenerativo que eventualmente detonará la demencia tipo Alzheimer.

Foto: La donación de cerebros sanos, que también promueve el BND, ha permitido hacer este tipo de análisis comparativos: Aquí un corte coronal donde se muestra el cerebro afectado por Alzheimer (derecho), que presenta reducción del tamaño, ventrículos amplios, surcos prominentes. reducción en el espesor de la sustancia gris (color beige oscuro) y la sustancia blanca.

Hay un nuevo método de diagnóstico no invasivo de Alzheimer

Más allá de la anécdota, el hallazgo ha permitido avanzar hacia el diseño de un método diagnóstico no invasivo del Alzheimer en etapas tempranas, en vida de los pacientes, algo que solo se había podido realizar a partir del estudio de cerebros de personas ya fallecidas.

Permitió también abrir nuevas líneas de investigación que han llevado a determinar que las proteínas tau ubicadas en las "marañas neurofibrilares y las placas amiloides", características de la enfermedad de Alzheimer, también se encuentran en otros órganos y en tejidos diferentes de las neuronas, específicamente en páncreas, riñones, intestinos y en piel, que es el órgano más grande del cuerpo humano.

"Nosotros estamos buscando epitelios para poder entender la enfermedad de Alzheimer, buscando el diagnóstico temprano, no invasivo, que podemos utilizar en vida del paciente para que podamos asegurar si son realmente etapas tempranas, de deterioro cognitivo leve; moderadas, cuando ya se tienen bien establecidos todos los síntomas clínicos, o avanzadas, que corresponden al evento terminal del proceso neurodegenerativo de la persona con Alzheimer, que es lo que estamos haciendo ahorita".

El impacto de alteraciones emocionales como la depresión es otro de los temas de investigación, pues, dice, "a la enfermedad de Alzheimer no hay que verla como una entidad única, es un proceso multifactorial", y se ha detectado muerte neuronal en partes como la amígdala y el cíngulo, estrechamente relacionadas con el procesamiento de las emociones.

Actualmente analizan el comportamiento de la proteína tau en las personas con demencia, pero en tejidos periféricos. Esto es parte de los procesos de colaboración nacional e internacional, que en este caso se llevan a cabo con el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía "Manuel Velazco Suárez", y en República Dominicana, con investigadores de la Universidad Pontificia Madre y Maestra, encabezados por la doctora Mar Pacheco, con quien evalúan a través de estos marcadores en otros órganos si la proteína tau se comporta igual que en el cerebro.

El doctor Luna también ha colaborado con investigadores de Estados Unidos e Inglaterra, que trabajan en el desarrollo de fármacos para evitar la formación de las placas que caracterizan la enfermedad de Alzheimer, y en la identificación de mecanismos de neuroprotección innata. Sus hallazgos se han publicado en reconocidas revistas científicas como Frontiers in Neuroscience y The Journal of Alzheimer Disease.

Nuevas líneas de investigación

Otras líneas de investigación que se están impulsando son en qué consisten los procesos moleculares en el cerebro de personas que se han suicidado; la Encefalopatía Traumática Crónica, relativa al daño cerebral, inicialmente asintomático, por golpes repetitivos que provoca degeneración gradual de las neuronas, como se ha documentado con jugadores de futbol americano y otros deportes de contacto, que con el paso del tiempo presentan síntomas como depresión, apatía, conducta impulsiva, dificultades para tragar y la solución de problemas, tendencia al abuso de sustancias y problemas motores como rigidez al caminar, y pérdida del control muscular.

Asimismo, se proyectan el análisis del daño que provoca la covid-19 a nivel cerebral, pues afecta los sentidos del olfato y del gusto, al igual que sucede con otras enfermedades neurológicas, como el Parkinson y la epilepsia. Se han detectado además alteraciones de conducta y memoria en pacientes contagiados con covid-19, y eso es parte de la investigación que se planea desarrollar, tan pronto lo permitan las medidas sanitarias.

La investigación sobre el autismo, con base en la donación de cerebros de personas que hayan tenido esa condición, es otro de los proyectos que se llevan a cabo, en colaboración con instituciones latinoamericanas y la Universidad de Dave, en California.

Respecto al interés por estudiar el cerebro de personas suicidas, trabajan en colaboración con la asociación de Alzheimer de Durango, Aguascalientes, San Luis Potosí y Sonora, estados en que se ha incrementado el índice de suicidios, sobre todo de personas jóvenes.

"Se ha encontrado, por ejemplo, en Aguascalientes un rango de suicidio entre los 18 y 28 años de edad; y en Sonora personas, pequeñitos de 8–10 años que se han suicidado. Entonces, tenemos que ver qué está pasando con eso", advierte el investigador.

El impulso a equipos de colaboración para la investigación en estas áreas es algo que ha caracterizado el trabajo del doctor Luna, gracias al cual se ha asesorado y apoyado la apertura de bancos de cerebros en otros países, lo que ha llevado a la integración de la Red Latinoamericana de Bancos de Cerebros, que son instituciones de esta naturaleza que ya operan en Argentina, Brasil, Colombia y República Dominicana, a los que pronto se sumarán Uruguay, Belice y Perú, entre otros.

Foto: Integrantes de la Red Latinoamericana de Bancos de Cerebros, que se ha impulsado desde el Biobanco Nacional de Demencias

Un camino complicado

"No ha sido nada fácil", afirma el doctor Luna al relatar que en los primeros 20 años lograron captar tan solo 17 cerebros, y la mayor parte de los tejidos que se analizaban se procesaban en el Instituto Nacional de Neurología. Actualmente las redes de colaboración incluyen instituciones educativas, de investigación, hospitalarias, y el desarrollo de todo ese nuevo concepto denominado Biobanco Nacional de Demencias, que trabaja en coordinación con la Facultad de Estudios Superiores de Cuatitlán, de la UNAM, y el Instituto Nacional de Neurología, en el que se cuenta con la colaboración de investigadores de universidades de Texas, de España y nacionales del Tec de Monterrey, entre otras instituciones.

Por ahora se cuenta con más de 350 cerebros donados, y éstas se han ampliado para incluir otros órganos y fluidos, para poder entender los mecanismos patológicos de procesos neurodegenerativos que pueden ser sistémicos. Considerando que se han identificado alrededor de 80 diferentes tipos de demencias, de las que el Alzheimer es la más común, dice el doctor Luna, "siempre hay que tener la mente abierta hacia nuevos conceptos para poder entender estas enfermedades"

En el trabajo de sensibilización para promover el interés por el conocimiento y la capacitación para tratar a los pacientes con demencias, y la donación de cerebros, se han establecido nexos estrechos de colaboración con diversas organizaciones civiles, como la Federación Mexicana de Alzheimer, que han realizado diversas actividades como ferias, marchas, museos itinerantes, que han estado presentes en casi todo el país, y que se proponen impulsar la investigación de enfermedades que no son algo normal, ni en el envejecimiento, y ante las que se puede intervenir de manera temprana, para procurar mejor calidad de vida de los afectados y sus familias, concluye el doctor Luna.

Desde su creación se ha venido promoviendo la continua profesionalización de jóvenes investigadores en el campo de las neurociencias.

Los primeros colaboradores del Banco de Cerebros, hoy BioBanco Nacional de Demencias, que por más de dos décadas fue parte del Cinvestav del IPN, y ahora trabaja en coordinación con la UNAM.



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