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¿Cómo saber que eres buen padre y madre?

Jorge Bucay y Demián Bucay explican que caracteriza a un buen padre y cómo crear un vínculo sano.

  • 11/04/2016
  • 09:00 hrs.
Convertirse en padres es una de las etapas que más causan felicidad, euforia y a la vez temor, pues conlleva una gran responsabilidad, donde la idea de que no se debe fallar prevalece en la mente.

Jorge Bucay y Demián Bucay, padre e hijo, psicoterapeutas y autores de “El Difícil Vínculo Entre Padres e Hijos”, señalan que no existen manuales para ser padres y aunque hayan muchos consejos al respecto, lo que realmente funciona es lo que cada persona siente, es decir, lo que su corazón le indica que es correcto para los hijos.

“Los buenos padres se preguntan si lo son, mientras que los malos, no se lo preguntan porque están convencidos de que lo son, creen que están haciendo todo bien”, dijo Demián

Añadió que dar regalos costosos no significa ser buen padre, se trata de dar a los hijos las herramientas para que tengan una mejor vida.

En este sentido, Jorge explica que lo único que desea todo buen padre es que los hijos cumplan con una sola cosa: ser felices.

“Si a lo largo de su crianza hemos conseguido darles herramientas que lo ayuden a ser felices, entonces habremos sido buenos padres. Tu diploma es cuando ves que tus hijos te han superado”, mencionó.

Asimismo, mencionó que un mal padre, genera deudas en los hijos, haciéndoles creer que les deben cosas por todo lo que se les ha dado, lo que es inaceptable

“Los hijos no están endeudados con los padres, porque no les han pedido nada. Los padres te lo dieron porque quisieron, por eso te tuvieron. ¿Cómo voy a pasarte factura por algo que yo decidí darte?”, dijo.

Creando un vínculo entre ambos

Comprender a los hijos no es sencillo y entender a los padres, es todavía más complicado; sin embargo, es importante esforzarse en lograrlo para que exista un vínculo sano, pero ¿cómo?

Jorge explica que en la relación, no se trata de imponer autoridad, lineamientos o ejercer presión, sino de ponerse en el lugar de otro

“Los malos padres generan la sensación de que los defraudan ‘si no haces lo que yo quiero’, ‘te comportas como yo quiero’ o no llegan a donde ellos hubieran querido. Los buenos padres festejan el camino que los hijos tomen”, subrayó.

Explica que la fórmula para crear un buen vínculo se compone de tres ingredientes: validar, señalar y ofrecer ayuda. Hay que reconocer los esfuerzos y actitudes que los hijos hagan, siempre de manera honesta y sin ser cruel, ya que esto afectará su autoestima.

La mejor manera de que los hijos tienen para mirarse y saber cómo son, es señalándoles sus virtudes y defectos, tanto de su personalidad como de su forma de actuar.

Por último pero no menos importante, siempre hay que ofrecer ayuda, pero de una manera que no sea impositiva, sino dejando al dijo la libertad de decidir si la acepta o no.

Padres e hijos no son amigos

Otro aspecto que los especialistas consideran fundamental a la hora de generar el vínculo, es estar consciente de que los padres no son ni pueden ser amigos de los hijos.

Jorge explica que tratar de ser amigos es una gran imposición porque una amistad de elige y se vive de diferente manera.

Ante esto, Demián indica que no hay que confundir una buena relación con una amistad.

“Esto no quiere decir que no se puede tener una excelente relación, que no puedas compartir buenos momentos, que no puedas reír con tu padre y madre o que no puedas tener complicidad, pero no es una amistad. Tenemos la creencia de que tener una buena relación equivale a ser amigos y por supuesto que no”, detalló Demián.

Cuando los hijos se van

Uno nunca deja de ser padre, pero hay un punto en el que hay que “jubilarse” y ese momento es cuando los hijos deciden independizarse y enfrentarse solos al mundo, lo que puede ser difícil de afrontar.

Comúnmente cuando los hijos expresan sus deseos de mudarse, los padres se muestran inflexibles, molestos o desconfiados porque creen que aún no están listos para dar ese paso.

Jorge indica que esta reacción, se debe principalmente a que no se quiere dejar de ser padre o tienen miedo de perderlos.

“De todas las cosas que significan ser padres, hay tres cosas que están implícitas en la paternidad y maternidad: la decisión de tener un hijo, el sentimiento del amor incondicional y el trabajo de ser padres. Las dos primeras son eternas, pero tenemos que prender que el trabajo de ser padres termina cuando los hijos vuelan del nido porque ya son adultos”, indicó.

Cuando esto ocurre, Demián recomienda tratar el asunto con calma y tranquilizarse a través del diálogo.

“Los padres objetan porque consideran que los hijos no están preparados para eso y es algo válido, pero la forma de tratarlo no es poner el grito en el cielo, porque finamente si mi hijo quiere volar y yo no le doy las alas, puede resultar lastimado, precisamente lo que no queremos. Hay que dejarlo que lo haga y que aprenda.

Al momento de hablarlo, hay que “presentar el caso”, es decir, las razones por las que se quiere ir de casa y los argumentos que validen que se está listo para ello", dijo.

“Así no es un grito en el cielo por parte de los padres, ni es un capricho ciego por parte de los hijos”, concluyó Demián.

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