A mi hija le diagnosticaron diabetes cuando tenía 1 año
Diabetes

"A mi hija le diagnosticaron diabetes cuando tenía 1 año"

Lo que parecía ser una gripe que se complicó, llevó a que a la pequeña Carla Melisa le detectaran diabetes tipo 1

  • MARILUZ ROLDÁN
  • 13/11/2019
  • 21:58 hrs.

“Realmente vivir con diabetes es aprender a vivir con diabetes, si no aceptas que tienes una nueva condición de vida, siempre vas a estar peleado, no va a haber esa sintonía, esa sincronía. Aprendes a vivir con ella, la conoces, sabes qué puedes hacer, qué puedes comer”, afirma Jaqueline López, mamá de la pequeña Carla Melisa, a quien le diagnosticaron diabetes tipo 1 cuando tenía un año y tres meses de edad. 

La detección de esta enfermedad llegó después de un proceso tortuoso en el que la menor estuvo al borde de la muerte. Todo comenzó como un simple cuadro de gripe que poco a poco fue empeorando. 

Jaqueline llevó a su hija con un médico particular que le dijo que tenía bronquitis, pero al ver que no mejoraba acudieron al Hospital Pediátrico de Azcapotzalco, en donde su condición empeoró, ya que presentó fiebre y diarrea

Una doctora le dijo que tenía laringitis y ordenó que le quitaran todo el medicamento; sin embargo, el diagnóstico estaba equivocado y otra pediatra le dijo que la menor tenía bronquiolitis

Un jueves por la mañana, esta joven mamá recibió una llamada del hospital  en la que le informaron que se había agravado la situación de la bebé y que la tenían que entubar. Cuando llegó al hospital le partió el corazón ver la imagen de la pequeña casi sedada y con tubos en varias partes de su cuerpo. La menor requería atención en terapia intensiva, pero en el nosocomio no contaban con esa área, por lo que tuvieron que trasladarla al Hospital Pediátrico de Legaria. 

“Durante el traslado la niña presenta un paro cardiaco de un minuto, llega al hospital, la empiezan a checar los doctores y todo, la ven muy mal, nos dan un diagnóstico de muerte casi, nos dijeron que si pasaba la noche ya iba a ser casi un milagro”, relata Jaqueline. 

La situación de Carla Melisa era compleja, ya que tenía los pulmones saturados de mucosa y  una infección en la sangre. Por la madrugada volvió a tener un paro cardiaco, ahora de seis minutos, pero en el área de terapia intensiva la reanimaron. 

La bebé duró 15 días en coma inducido, durante ese tiempo llegó el diagnóstico de diabetes tipo 1, padecimiento que es de origen genético y que hasta ese momento ni siquiera había cruzado por la mente de Jaqueline ni de su esposo. 

“Nosotros no sabíamos que tenía diabetes hasta que llegaron los estudios de laboratorio y nos dicen que lo que tiene  la niña, aparte de todo lo que ya le había pasado, era diabetes tipo 1, con un nivel de glucosa de 677”, expresa. 

Los recuerdos vinieron a la mente de Jaqueline, ya que su padrastro fue diagnosticado con diabetes tipo 2, pero falleció a los 47 años debido a que nunca se cuidó. “A mí me quedó muy claro que si se hubieran cuidado, hubiera seguido vivo. Entonces cuando me dicen que la niña tenía diabetes, dije bueno es algo que puedo controlar,  todo va a depender de mí”, enfatiza. 

Carla Melisa cumplirá seis años en diciembre, lleva cinco años viviendo con diabetes, pero tiene una vida similar a la de otros niños de su edad. Juega, sonríe y disfruta pasar tiempo con su mamá, su papá y su perrito. 

Jaqueline explica que como parte del tratamiento les enseñaron cómo contar carbohidratos, cómo leer las etiquetas de los alimentos, qué hacer si a la niña se le baja la glucosa y cuál es la dieta que debe llevar para que se desarrolle de manera normal sin afectar sus niveles de  azúcar en la sangre. 

“Sí es costoso, sí es complicado, sí tenemos que hacer lo imposible para que la niña tenga todo lo que necesita”, expresa esta mamá, quien añade que el endocrinólogo necesita conocer el registro de los niveles de glucosa de la pequeña para saber si está bien el tratamiento. En la clínica les dan las insulinas, pero tienen que comprar las tiras reactivas y las jeringas

Esta familia disfruta la vida a su manera, Jaqueline comenta que han aprendido a vivir con la diabetes  y están conscientes de que se pueden dar algunos gustos de vez en cuando: “Si tengo ganas de unas papas, sí me las como, pero no siempre, tomando en cuenta cómo va a afectar en su glucosa, si se tiene que poner más insulina”. 


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