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Los efectos de la bomba atómica en el ser humano
Vida Sana

Los efectos de la bomba atómica en el ser humano

Foto en portada; pixabay

44,4 segundos tardó Little Boy en hacer explosión sobre Hiroshima. Sus efectos secundarios persisten 75 años después

  • ADRIÁN AGUIRRE
  • 06/08/2020
  • 11:30 hrs.

Las fotos están en blanco y negro. 12 soldados norteamericanos formados en dos hileras. Cinco arriba y siete abajo. Varios se encuentran sonriendo. Hablar de la explosión de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki es referirse a una tragedia mundial que sigue afectando a los pobladores de esas ciudades, pero a ellos parece no importarles. Quedaron inmortalizados así, algunos con una sonrisa de oreja a oreja... a fin de cuentas, solo estaban cumpliendo órdenes durante la segunda guerra mundial.

La explosión de la bomba de uranio -235 de 4.400 kilogramos de peso, 3 metros de longitud, 75 centímetros de diámetro y una potencia explosiva de 16 kilotones conocida como "Little Boy" que fue tirada desde 600 metros  por el bombardero B-29 Enola Gay el 06 de agosto de 1945 en la ciudad de Hiroshima terminó con la vida de aproximadamente 140.000 personas. Y 75 años después, sigue causando estragos.

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"Los científicos que crearon la bomba sabían sin duda de los efectos perjudiciales de la radiación y que la provocarían con ella. Pero, lo que no esperaban es que murieran tantos japoneses por la radiación, ya que pensaban que todo aquel lo suficientemente cerca de la zona cero de la bomba como para recibir una dosis fatal de radiación moriría antes por el efecto del fuego y la onda expansiva. Sin embargo, la realidad no siempre coincide con los modelos teóricos y entre el 15% y el 20% de las muertes se debieron a los efectos de la radiación", explica Alex Wellerstein, profesor del Instituto de Tecnología Stevens.

Richard Wakeford, profesor de la Universidad de Manchester, quien estuvo acompañado por otros colegas de la Universidad de Hiroshima y la Universidad Médica de Fukushima, analizaron los efectos a largo plazo de la radiación y crearon una serie de artículos publicados en The Lancet en los que "desmenuzan" la información, dividiéndola en temas que van de lo general a lo particular.

El relato de uno de los supervivientes de la bomba atómica

La explosión es uno de estos tópicos y en su artículo al respecto se puede leer la historia de Sunao Tsuboi, quien era un estudiante en ese entonces.

"40 días de estar inconsciente, un año de inmovilidad, numerosas estadías en el hospital y tres encuentros cercanos con la muerte. 

Tsuboi, entonces estudiante universitario de 20 años, caminaba por el centro de Hiroshima a aproximadamente 1 km del hipocentro cuando el bombardero estadounidense B-29, el Enola Gay, lanzó su carga útil. Él recuerda haber escuchado un "golpe fuerte", luego haber sido lanzado al aire y aterrizar a 10 metros de distancia. Recuperó la conciencia al descubrir que la mayor parte de su cuerpo había sido quemado, y las mangas de su camisa y las piernas de sus pantalones arrancadas por la fuerza de la explosión.

"Mis brazos estaban muy quemados y parecía que algo goteaba de la punta de mis dedos. Mi espalda era increíblemente dolorosa, pero no tenía idea de lo que acababa de pasar. Supuse que había estado cerca de una bomba convencional muy grande. Por supuesto, no tenía idea de que era una bomba nuclear y que había estado expuesto a la radiación. 

Había tanto humo en el aire que apenas se podía ver 100 metros más adelante, pero lo que vi me convenció de que había entrado en un infierno en la tierra. Había personas que pedían ayuda y llamaban a los miembros de su familia. Vi a una colegiala con el ojo colgando de su cuenca. Las personas parecían fantasmas, sangraban y trataban de caminar antes de colapsar. Algunos habían perdido extremidades.

Había cuerpos carbonizados en todas partes, incluso en el río, en los que la gente había saltado para escapar de las llamas y calmar su sed. Miré hacia abajo y vi a un hombre agarrándose un enorme agujero en el estómago, tratando de evitar que sus órganos se derramen. El olor a carne quemada era abrumador.

No había tratamiento disponible, ni comida ni agua", le dijo a The Lancet. "La gente me miró y dijo que estaban sorprendidos de que todavía estuviera vivo".

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Y no es para menos. Desde entonces Tsuboi ha requerido tomar un coctel diario de medicinas para formar sangre, nitroglicerina, tratar afecciones como anemiaaplásica crónica, angina, cáncer de intestino grueso y cáncer de próstata, además de tener un goteo intravenoso y un "impulso de energía".

Los efectos de la bomba atómica siguen presentes hasta estos días

Los rastros no solo viven en los supervivientes, sino que siguen presentes en la ciudad.

La temperatura, que alcanzó el millón de grados centígrados, hizo que algunos cuerpos y objetos que recibieron la explosión dejaran una sombra en el suelo.

En las paredes. En los árboles.

Eso es el "efecto sombra".

Un ejemplo se puede ver en el museo de la Paz y la Memoria de Hiroshima.

De acuerdo con la Fundación conjunta de investigación de efectos de radiación financiada por el gobierno de Japón y EE. UU, casi la mitad de las muertes por leucemia y alrededor del 10% de los cánceres sólidos son atribuibles a la exposición a la radiación.

Según cifras oficiales, en 2014 había 197.159 hibakusha (se les dice así a los que sobrevivieron los impactos de las bombas. Quiere decir "los bombardeados" en japonésvivos sin contar a los que nacieron después de la bomba.

Una buena parte de los que nacieron con vida, presentaron situaciones que eran nuevas para la ciencia: aberraciones cromosómicas, electroforesis (separación por campo eléctrico) de las proteínas o polimorfismos en el ADN.

Hiroshi Shimizu tenía tres años cuando cayó el proyectil y durante una década después de la guerra tuvo que luchar contra episodios debilitantes de diarrea, hemorragias nasales y una condición que ellos llamaron buraburabyo, la cual los deja totalmente fatigados. "Tu cabeza te dice que sigas con las cosas, pero tu cuerpo no te deja. Los médicos aún no saben exactamente qué lo causa".

A partir de 1945 y hasta 2015 cuando fue publicado el análisis y le realizaron la entrevista, Tsuboi había sido hospitalizado 11 veces. En tres ocasiones, 10, 18 y 23 años después del atentado, los médicos le dijeron que convocara a sus familiares para despedirse. "Vinieron al hospital sorprendidos al descubrir que todavía estaba vivo", dijo. Luego se rió: "De hecho, la gente todavía me dice eso".

Tripulación del bombardero B-29 Enola Gay. Foto: AP/Max Desfor

(Con información de The Lancet, El País, BBC, National Geographic)


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